Solo puedo llorar en mis sueños. Me encuentro llorando sobre personas que no existen más allá de los confines de mi mente, pero que son instancias de sufrimientos en el mundo real. Pero no puedo llorar en el mundo real. Sólo en mis sueños. La angustia se apodera de mi cuerpo mientras estoy sujeto a la surrealidad onírica de caras cambiantes y problemas que no existen. Y es peor que estar triste en la realidad. Porque todo se torna oscuro. Porque en la realidad podes llamar a mamá. Porque en los sueños el paralelismo psicocósmico no es un dispositivo literario, si no que es norma.
El altar de Catriel me hizo sacar todo para afuera. El dolor que expresan las fotos nostálgicas de su cara graciosa me llegan al corazón. Y estallo en llanto. Lloro por él. Lloro por ella. Lloro por los que están afuera, peor que yo. Y me condena la empatía. Lloro en mis sueños por los problemas de otros, porque yo no tengo problemas tan importantes. Porque mi privilegio me genera culpa. Porque mi dolor no es justificado.
Y lloro en mis sueños. Mi angustia se ahoga en sollozos amortiguados por respiros sonámbulos horrorosos. Suenan como un monstruo. Pero finalmente puedo llorar después de meses. Y es increíble el placer. Encuentro un placer extremo en llorar. En poder llorar en vigilia. En poder sentir mis lágrimas caer por mis cachetes. En poder entender porque estoy llorando. En que el cielo no se tergiverse y que la gente de mi alrededor sean caras indefinidas y que yo solo me convierta en una esfera de dolor sujeta a los embistes de sensaciones negativas surreales.
Llorar nunca se sintió tan bien. Tan liberador. Mi torso estalla de éxtasis al mismo tiempo que escupo de mi boca en cada sollozo. Como ejercitar un músculo y descansar después. Mi músculo de la tristeza se mantuvo tan quieto, solo para moverse en sueños, como sonámbulo. Como los perros que corren con ojos cerrados acostados de costado.
Lleno el teclado de saliva y mi cara de lágrimas y nunca se sintió tan bien. Mi cara se retuerce mientras sus músculos se tensan para formar mi expresión de dolor del espíritu. Y nunca se sintió tan bien.
Sólo quiero que esto siga así. Quiero poder seguir llorando.

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